El Dios que reina sobre el coronavirus (Cap. 4 y 5)

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El coronavirus es un acto de “providencia amarga”. Describir este acto de Dios como amargo no es blasfemia. Piensa en la suegra de Rut, Noemí, quien perdió a su esposo y dos hijos, así como una nuera; todo esto por hambruna y exilio. Ella dijo:

Rut 1

20 Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.

21 Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Captura de Pantalla 2020-04-16 a la(s) 12.26.38Y ella no mentía, ni exageraba ni estaba acusando en vano. Era un simple y terrible hecho. “Amargo” no es un menosprecio hacia los caminos de Dios. Solo es una descripción.

Por otro lado, la dulzura de la Palabra de Dios no es disminuida en medio de esta amarga providencia – al menos no si hemos aprendido el secreto de estar “como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.” (2 Cor. 6:10).

La misma Soberanía que podría detener el coronavirus, y que aún así no lo hace, es la misma Soberanía que sostiene el alma de la misma.


Lo que Dios se propone, lo hace

La Soberanía de Dios significa que Él puede hacer, y de hecho lo hace, todo lo que decisivamente se propone hacer; lo cual significa que nada fuera de Él puede frustrar su voluntad.

Isaías enseña que esto es parte de la mera esencia de Dios:

Isaías 46:

9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí,

10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.

Job aprendió de una dura experiencia (Job 42:2); Nabucodonosor aprendió de su misericordiosa humillación (Dan. 4:35). El Señor hace lo que le place (Salmos 135:6).

Pablo lo resume de esta manera:

Efesios 1:11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.

“Todas la cosas”. No algunas cosas. Y “según el designio de su voluntad”, no de acuerdo a voluntades y fuerzas externas a Él.

En otras palabras, la Soberanía de Dios lo abarca y penetra todo. Él tiene dominio absoluto sobre este mundo. Él gobierna el viento (Luc. 8:25), luz (Job 36:32), nieve (Sal. 147:16), sapos (Ex. 8:1-15), mosquitos (Ex. 8:16-19), moscas (Ex. 8:20-32), langostas (Ex. 10:1-20), codornices (Ex. 16:6-8), gusanos (Jonás 4:7), peces (Jonás 2:10), gorriones (Mat.10:29), hierba (Sal. 147:8), plantas (Jonás 4:6), hambrunas (Sal. 105:16), el sol (Jos- 10:12-13), prisiones (Hech. 5:19), ceguera (Ex. 4:11; Luc. 18:42), sordera (Ex. 4:11, Marc. 7:37), parálisis (Luc. 5:24-25), fiebre (Mat. 8:15), cada enfermedad (Mat. 4:23), planes de viaje (Sant. 4:13-15), el corazón de los reyes (Prov. 21:1; Dan. 2:21), las naciones (Sal. 33:10), asesinatos (Hech. 4:27-28), y la muerte espiritual (Ef. 2:4-5)-y todo ello hace Su Soberana voluntad.

El coronavirus fue enviado, por lo tanto, por Dios. Este no es momento para tener percepciones sentimentales acerca de Dios. Es un tiempo amargo. Y Dios lo ordenó. Dios lo gobierna. Él lo terminará. Nada de esto se le escapa. La vida y la muerte están en Su mano. Job no pecó con sus labios cuando dijo:

Job 1: 21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.

En la presencia de Dios, nadie tiene derecho a la vida. Cada respiro que tomamos es un regalo de gracia. Cada latido, inmerecido. Así que, mientas reflexionamos sobre nuestro futuro con el coronavirus -o cualquier otra situación que amenaza la vida- Santiago nos dice cómo pensar y hablar:

Santiago 4:15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

Si Él quiere, viviremos. Si no, no lo haremos.

La dulzura de Su reinado

¿Por qué debería recibir todo esto  sobre la Soberanía de Dios en el coronavirus, y sobre mi vida, como una enseñanza dulce? El secreto, como dije, es saber que la misma soberanía que puede detener el coronavirus, pero no lo hace, es la misma que sostiene el alma en ello.

Esta Soberanía que gobierna en la enfermedad, es la misma que sostiene en las pérdidas. La misma Soberanía que conquistó a la muerte y trae a los creyentes a casa, al cielo y a Cristo. No es dulce pensar que Satanás, la enfermedad, el sabotaje, el destino, o las probabilidades tienen la última palabra en mi vida. Estas no son buenas noticias.

¡El Dios que reina es una buena noticia! ¿Por qué? Porque Dios es santo, justo y bueno. Y Él es infinitamente sabio. Nada lo sorprende, lo confunde o lo desconcierta. Su infinito poder descansa en las manos de su infinita santidad, justicia y bondad-y sabiduría. Y todo esto está al servicio de todos los que confían en Su Hijo, Jesucristo. Lo que Dios hizo al enviar a Jesús a morir por los pecadores tiene todo que ver con el coronavirus.

Esta es la conexión:

Romanos 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Esto significa que la voluntad de Dios en enviar a Su hijo a ser crucificado en nuestro lugar, es su declaración y validación de que usará Su Soberanía para darnos “todas las cosas”. Está garantizado por la sangre de Su hijo.

¿Y qué son “todas las cosas”? Abarca todo lo que necesitamos para hacer Su voluntad, glorificar Su nombre y hacerlo con seguridad hacia su gozosa presencia.

Tres versos más adelante, Pablo explica cómo funciona esto en la vida real-en el tiempo del coronavirus.

Romanos 8:

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero. m

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Incluso si Satanás, con su “freno divino”, tiene las manos metidas en nuestro sufrimiento y muerte, Él no es quien decide qué  pasa. Él no puede herirnos sin el permiso y limitación de Dios (Job 1:12; Luc. 22:31; 2 Cor. 12:7). Y, al final, es correcto que digamos a Satanás lo que José le dijo a sus hermanos, quienes lo vendieron a la esclavitud:

Génesis 50: 20 Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.

Esta es la clave para tener consuelo cuando la maldad de los hombres y del diablo se componen para nuestro sufrimiento. En Cristo, tenemos todo el derecho de decirles: “Ustedes maquinaron el mal pero Dios lo transformó para bien”. Ni Satanás, ni la enfermedad, ni ningún hombre pecador es soberano. Solo Dios lo es. Y Él es bueno, sabio y soberano.

Todos nuestros cabellos

Jesús expresa la dulzura de la Soberanía de Dios por sus discípulos más hermosamente que nadie:

Mateo 10:

29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

Captura de Pantalla 2020-04-16 a la(s) 12.36.15Ni un pajarillo se cae del plan de Dios. Ningún virus se mueve si no es por el plan de Dios. ¿Y qué dice Jesús seguidamente? Tres cosas: Ustedes son más valiosos que los pájaros. Los cabellos de su cabeza están todos contados. No teman.

¿Por qué no? Porque la soberanía meticulosa de Dios en si vivimos o morimos, sirve a Su santidad, a Su justicia, a Su bondad y a Su sabiduría. Somos sus preciosos hijos.

Esto es lo que nos sostiene, y nos hace saber que todo lo amargo y todo lo dulce de esta vida opera para nuestro bien-el bien de los que le aman y son llamados en Cristo (Rom. 8:28-30).



Este es un pequeño resumen del 4to y 5to capítulo del libro, originalmente en inglés, “Coronavirus and Christ”, recientemente lanzado por el Pastor John Piper, para descarga gratuita en el sitio web de su ministerio, www.desiringgod.com

Continúan en el siguiente post los capítulos posteriores.

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