Un clamor profundo por ti

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La oscuridad no existe, dijo hace tiempo un famoso científico, es solo ausencia de luz.

Las tinieblas, por muy espesas que sean, son partidas completamente con tan solo un rayito que se cuele para alumbrar lo que está oculto, y entonces se estremece todo lo que se esconde, temeroso de que le descubran, aterrado de su porvenir, pues no son más que intrusos que se colaron y que no pertenecen a lo real, a lo bueno, a lo honesto, a lo puro…

Aún recuerdo la amargura de las lágrimas y la opresión en el pecho aquellas noches de nunca acabar, en la inquietud de un alma vacía y resquebrajada, hasta que apareció Él.

Oh sí, cuando por fin vino la respuesta, cuando Él me arropó de claridad y disipó la confusión, cuando llegó la salvación.

Como quisiera que dejaras de esconderte, que dejaras hablarte, que me dejaras ayudarte…que fueras despertado para admirar la gloria del Santo, que tus cadenas fuesen deshechas y tu gozo manifiesto de una vez por todas.

Como quisiera que te dieses cuenta de tanta misericordia sobre ti derramada, la misma que te ha sostenido; que tus rodillas se doblen delante del Poderoso, que tu vida sea limpia, que tu sonrisa sea verdadera.

Cuanto deseo que también llegue para ti el día de la redención.

 

Efesios 5:13-14 Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.

Einstein

Virginia L. / @virgisaescribe

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