Desdén

el

¿A qué se parece un corazón enamorado y roto? A un estómago indigestado de mariposas que se congelaron.

Y cada vez, al finalizar el día, sin faltar ninguno de ellos, tu patético desdén me quebranta la existencia.

Creo que las personas tienen el grado de influencia que nosotros mismos les permitimos que ejerzan sobre nuestra vida. Existen límites. El problema está cuando los límites representan un desligue del apego.

Te perdiste de ser dueño de mis versos,  de largas conversaciones protagonistas de un escenario de vigilias. Un suave piano toca mientras dentro de mi pecho se deshace tu mirada hoy lejana y se desploman los inventos con que soñé y nunca fueron.

No hay nada feliz en este poema, hoy déjame estar triste, porque después de tan larga faena y de lo agotado que se encuentra mi cerebro, tú permaneces como un odioso que se rehúsa a irse, aunque ya lo hiciste.

Virginia L.

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