Estímulos

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Por Virginia Larrazábal
 

     Permanentemente estamos rodeados de estímulos…elementos de cualquier tipo que nos provocan una inimaginable gama de reacciones que derivan en situaciones que nos dejan vulnerables, sea en el buen o mal sentido. Pero no nos pongamos tan formales, más bien apelemos a lo bucólico; hablemos de aquello que nos mueve como seres humanos.

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     Se pinta en mi mente un escenario lleno de hinchas enardecidos, dejando los pulmones en la fanfarria de apoyo a la camiseta del equipo después de haber marcado un casi imposible gol en los últimos minutos de reposición. Te daré un segundo más para que lo disfrutes…sí, sin duda un momento épico que es capaz de unificar hasta a las más diferentes y distantes de las gentes en un eufórico abrazo. Eso es tremendo estímulo.

     Trasladémonos ahora a un no tan alegre panorama. Cuando lo que temías es confirmado, tu aliento se corta y de repente ya nada te responde, tu mente se emblanquece y una sensación de vacío se aloja en el estómago. A ese tipo de estímulos todo mundo le huye, ¿a quién le gusta ser presa del dolor, la tristeza o la depresión? Ciertamente para deshacer toda obra maligna vino el Hijo de Dios a este mundo.

    Ahora, vámonos a lo idílico. La mente te funciona como una máquina con engranajes que no cesan de rodar todo el día, no importa lo que estés haciendo, es como si lograra dividirse a la mitad. Una parte se concentra en el deber y la otra la ocupa, con o sin permiso, esa persona que atrapó más que tu atención.

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     Te salen ocupaciones de donde no había antes, el internet empieza a fallar, el celular se te cayó en un balde con agua, no tienes plata para salir…pero el estímulo sigue allí, latente. ¿Qué estará haciendo?, ¿se acordará de mí?, ¿será que espero mejor a que me contacte primero?…son solo algunas de esas pequeñas “puítas” que te pinchan la ansiedad, hasta que decides ingeniártelas para calmar un poquito el torbellino que no te deja el pecho en paz.

     Así son esas cosas, sacas tiempo y demás de donde no hay, te conviertes en todo un inventor…porque es que hay estímulos más fuertes que otros, cuando hay verdadero interés, cuando eso es genuino, repito, simplemente te las ingenias.

Pero no todo es almático…

     Y es que todo estímulo tiene una reacción, y ella deriva en un resultado. El niño que es sacado del vientre de su madre al momento que ésta lo da a luz, inmediatamente lo que hace al encontrarse con un cambio tan drástico del ambiente cálido y estrecho al cual se había acostumbrado durante nueve meses, es soltar un llanto desgarrador.

     De igual modo, quien recibe la visitación del Espíritu Santo de Dios y experimenta lo que Jesús le explicó a Nicodemo en el evangelio de Juan (capítulo 3) acerca del nuevo nacimiento, corre para hablar de Aquel que lo salvó a todos cuanto se le atraviesen (¿no fue eso lo que hizo la mujer samaritana luego de su encuentro con el Cristo en el pozo de Jacob?); seguidamente, inicia una relación vertical con el Padre, a través de la oración. Esas son las consecuencias de un estímulo que provoca una reacción irreversible en todo aquel que tiene un encuentro vivo y verdadero con el Dios de la biblia.

     Como dije antes, cuando amas genuinamente, te inventas cualquier cosa, pese a las circunstancias internas y externas, dejas las excusas a un lado, se te olvida todo lo demás y te apartas para estar con quien es objeto de tu amor…así es el Señor.

     Cuando menos pensábamos que alguien podía ser detallista con nosotros, Él deja caer las hojas de los árboles y te alcanza con el cantar de las aves; Dios hace salir ese picante sol todas las mañanas pero también te hace bambolear el cabello con el viento, ese que no sabes de donde viene ni adónde va, ¡pero que siempre aparece!…y es que a Él le encanta hacernos saber que nos ama y que ÉL ES, por medio de las cosas creadas…

Romanos 1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

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     ¿Acaso no es maravilloso Dios?…¿qué estamos esperando para buscar el lugar, apartar la fecha y la hora…¡para ingeniárnosla! Y así estar con Él? Cristo murió para rasgar el velo que nos separaba del Lugar Santísimo, Él abrió las puertas de par en par para que podamos acercarnos a Dios confiadamente.

      Entonces, ¿cuántos estímulos más tiene que enviarnos para que nos volvamos a sus caminos y nos demos cuenta de que, fuera de Él, seguiremos siendo objeto de estímulos superficiales, de reacciones desenfrenadas y de resultados infructuosos? ¡La escritura dice que no tenemos excusa para negar que Él ES y está!

     Finalmente, cierro no con mis palabras sino con las de Jesús, quien dijo:

Juan 15:5-8 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen,  los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

 

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