Levántate

el
Por Virginia Larrazábal
 

Detente. Tus paredes se desvanecen de repente, sin razón aparente, y te quedas como un vegetal inerte, incapaz de articular movimiento por causa de la estupefacción de tu trasnochado rostro. ¿Qué pasó? Te preguntas. Te has perdido lo que aconteció por estar distraído en lo vano. Mientras estuviste oyendo voces psicópatas y desequilibradas, tus decisiones volátiles te pasan factura. Respira. Cuando más te provoca volar lejos de tu lugar en ruinas, solo cierra tus ojos y abre tu boca. Alaba. Aunque los hechos den testimonio de adversidad absoluta, eleva al cielo la voz de tu ser por entero y deja que lo que no puedes ver sirva como instrumento para desenterrar, desde lo más secreto de tu esencia, la santidad perfecta que solo por gracia puedes llegar a tocar con tus manos. Cree.

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