La naturaleza tripartita del hombre

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¿De qué esta compuesto todo nuestro ser?

(1 Tesalonicenses, 5:23) Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

cuerpo-alma-espiritu

¿Sobre qué partes de nuestro ser actúa la Palabra de Dios?

La enseñanza bíblica se refiere al ser humano como compuesto por tres partes, o que posee tres naturalezas diferentes: espíritu, alma, cuerpo.


En el Génesis leemos que Dios hizo al hombre del polvo de la tierra- su naturaleza material- y sopló sobre él aliento de vida, y desde ese momento fu un alma viviente, su naturaleza inmaterial.

 

(Génesis 2:7) Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

 

    Aunque nos referimos al espíritu y al alma como partes de nuestro ser, debemos recordar que son componentes inmateriales, y que por lo tanto, es solamente una manera mas comprensible de explicar realidades y fenómenos que escapan a nuestros sentidos físicos.

 

El Espíritu Humano


    Es la parte más interior de nuestro ser, y que nos permite comunicarnos con Dios. Es la parte que estuvo muerta antes de nuestra conversión y nuevo nacimiento, y esta fue la razón por la cual antes no podíamos tener comunión con Dios. Dios solo era un concepto o un ideal inalcanzable.


    Cuando nos reconciliamos con Dios según Ez. 36:26, Dios nos da un corazón nuevo, nos otorga un espíritu renacido. Desde allí, nos podemos comunicar con Dios, El ya no es alguien lejano, una persona desconocida sino que nos relacionamos con Dios en amor.

 

(Ezequiel, 36:26) Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

    Nuestro espíritu es también el asiento del Espíritu Santo en nuestro ser desde nuestra regeneración, y la comunicación es de Espíritu a espíritu.

 

(Romanos, 8:16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

 

El espíritu debe fortalecerse por medio de la comunión con Dios en oración, la lectura de la Palabra de Dios y a través de la adoración.

 

El alma humana


    Es la parte intermedia entre el espíritu y el cuerpo físico. Está compuesta por nuestro intelecto, nuestros sentimientos o emociones y nuestra voluntad. Es la parte de nuestro ser que nos permite tener conciencia de nosotros mismos. Es lo que nos diferencia psicológicamente unos de otros.


    El alma fue afectada por el pecado, el intelecto fue oscurecido, las emociones fueron dañadas y la voluntad fue torcida. Y éstos no han renacido en nuestra conversión.

    Es el espíritu el que ha renacido, mientras que el alma debe ser renovada por un proceso continuo, bajo la influencia del Espíritu Santo, del espíritu humano y de la Palabra de Dios. Es nuestra responsabilidad permitir esa influencia renovadora.


    La Palabra de Dios llama “carne” no a nuestro cuerpo físico, sino a esas tendencias del alma contrarias al deseo del espíritu de agradar a Dios, y sobre todo de sujetarse a El. La esencia del pecado de Adán sigue vigente en la carne y su asiento es en nuestra alma. El cuerpo físico es neutro moralmente, pues solo sigue los impulsos de nuestra alma. La santidad se logra en la medida en que reconocemos que nuestra carne ya murió juntamente con Cristo en la cruz, y en la medida en que el espíritu va moldeando y sujetando los impulsos del alma, y conformándolos al carácter de Cristo.


¿Cómo somos transformados? 

(Romanos, 12:2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.


¿Por quién somos transformados?

 

(2 de Corintios, 3:18) Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.


¿Qué hace la Palabra de Dios?

 

(Hebreos, 4:12) Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.


¿Cuál es la lucha del creyente?

 

(Gálatas, 5:17) Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.


¿Cual es la clave de una vida de santidad?

 

(Romanos, 8:1) Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.


¿Qué debemos reconocer para tener victoria sobre la carne?

 

(Gálatas, 2:20) Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

 

Las emociones del alma y nuestra vida espiritual:


    Hay muchos creyentes que actúan según su alma y no según su espíritu. Esto acarrea altibajos en la vida cristiana, porque las emociones son naturalmente fluctuantes.

 

    El alma reacciona fácilmente a los estímulos externos y cuando estos varían, las emociones varían. Fácilmente se pasa de la alegría a la tristeza, del optimismo al pesimismo, de la victoria a la derrota, del entusiasmo a la depresión, del amor al odio. Si las emociones dominan tu vida espiritual, nunca tendrás estabilidad. Debes dejarte llevar por el espíritu y no por el alma, deja que tu alma reaccione a los impulsos de tu espíritu y no al revés. Las emociones producidas por tu espíritu tendrán su causa dentro de tu ser y no en estímulos externos, y tendrás una vida espiritual en constante crecimiento.


    Tampoco debes buscar las emociones en tu experiencia espiritual, tratando así de satisfacer tu alma, sino la santidad y la obediencia al Espíritu Santo y a la Palabra de Dios, que es el deseo de tu espíritu. Si lo haces así, las emociones vendrán como consecuencia, pero según y cuando el Espíritu Santo lo quiera dar.


El cuerpo humano


    Es la parte de nuestro ser por medio del cual nos comunicamos con el mundo físico que nos rodea. Nuestro cuerpo ha sufrido también las consecuencias del pecado de Adán. Cuando el desobedeció y comió del árbol- Gn. 2:17-, no murió enseguida. Pero desde ese momento entró en la raza humana el principio de la muerte, por el cual vienen la debilidad, la enfermedad y la muerte física.

 

Tomado de Aquí

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